miércoles, 17 de agosto de 2016

Comunicación eficaz: claves en la pareja

Es probable que en más de una ocasión hayáis escuchado: una buena comunicación es la clave para que una pareja funcione. Y de hecho es una de las claves para el buen funcionamiento de una relación, pero la cuestión es… ¿qué es exactamente, qué entendemos por buena comunicación en una pareja?

Una buena comunicación en una relación se va a nutrir de dos componentes principales: saber expresar de manera directa y clara lo que queremos expresar (tanto a nivel verbal como no verbal, sin dar rodeos o “dejar caer las cosas”) y que haya un sentimiento de libertad para expresarnos abierta y libremente con la pareja. Esto es, que ambas partes perciban que pueden decir lo que piensan, cómo se sienten y cuáles son sus ideas sin miedo a la reacción del otro o a sentirse infravalorados.  En este último sentido muchas parejas pueden sufrir carencias, ya sea desde el comienzo de la relación o a partir de cierto punto. Por ejemplo, es común que al inicio de una relación haya cosas que “no se dicen” por miedo a la reacción del otro. O parece que en ocasiones no nos atrevemos o no queremos hablar de cómo nos sentimos, o preguntarle sobre ello a la otra persona, por miedo a cómo pueda responder. Cuando esta tendencia se mantiene a medida que avanza la relación, aparecerá esta falta de libertad para poder comunicarnos.  Pero también es probable que al principio no fuese así y se haya ido desarrollando debido a patrones de comunicación poco eficaces.

Llegados a este punto: ¿qué genera esos patrones de mala comunicación? Faltas de respeto, pocas muestras de afecto y una comunicación basada en reproches e imposición de la opinión del uno sobre el otro son algunos ejemplos que pueden deteriorar la comunicación. Asumir que sabemos lo que la otra persona nos va a decir y no permitirle expresarse, adivinar sus pensamientos, o pretender que adivinen los nuestros (por ejemplo, si algo nos molesta y asumimos que el otro lo tiene que notar y saberlo sin que se lo digamos) generará conflicto y deteriorará la comunicación y la pareja. Por muy bien que se lleguen a conocer dos personas, es irreal asumir que deben saber lo que piensan exactamente en cada momento.

Cuando la comunicación es ineficaz y casi inexistente, la relación de pareja va a estar muy deteriorada y se verá necesitada de atención profesional: terapia de pareja. Antes de llegar a este punto y si detectamos algunos comportamientos como los comentados (o parecidos) podemos tener en cuenta las siguientes consideraciones para mejorar la comunicación:
  •     Empatizar. Es importante que ambas partes de una pareja aprendan a ponerse el uno en el lugar del otro. Intentar comprender cómo se siente la otra persona, si tuviésemos su punto de vista. Esto nos ayudará a comprender mejor su comportamiento y cómo le afecta el nuestro, además de ayudarnos en conflictos.
  •      Hablar sobre cómo nos sentimos o qué pensamos en un momento dado, en lugar de esperar a que la otra persona “se dé cuenta”.  Cuando algo nos moleste, no nos guste, nos inquiete, si estamos pasando un mal momento… comunicárselo a la pareja en lugar de esperar a que el otro lo adivine. Por muy bien que nos conozca, puede no darse. Considerar que debería hacerlo, generará enfado o decepción. Y finalmente derivará probablemente en una discusión o estallaremos más adelante.
  •    No callarnos lo que pensamos por “no discutir”. Cuando se trata de algo importante, si no lo transmitimos y nos lo “tragamos” al final se acumulará y terminaremos por explotar. Si algo nos molesta, lo tenemos que abordar lo antes posible, en un contexto calmado, tras haber disminuido la activación emocional inicial.
  •     Decir lo positivo que vemos en nuestra pareja. Transmitirle a la otra persona lo que nos gusta de ella de manera espontánea, cuando lo sintamos.  Parece que en ocasiones nos resulta más sencillo decir lo que no nos gusta que lo que sí y se nos olvida hacerlo.
  •     Escuchar de manera activa y con interés a la pareja. Si nos cuenta algo mostrar interés, hacer preguntas, escuchar de verdad y no pasivamente. Si una persona no se siente escuchada no se va a sentir bien y dañará a la pareja.
  •     Dejar las acusaciones a un lado y hablar desde el respeto. Cuando haya conflicto, centrar la discusión en resolver la situación, en qué se puede hacer para solucionarlo.
  •     Emplear el lenguaje “yo”. En relación con lo anterior, cuando algo nos moleste expresaremos exactamente qué ha sido, cómo nos hemos sentido y qué queremos, en lugar de entrar a acusar a la otra persona. De manera genérica, sería lo siguiente: “cuando haces esto me haces sentir mal/triste/enfadado/a… y me gustaría que hicieras esto otro”.
  •     No infravalorar la opinión del otro. En algún momento (y puede que en muchos) vamos a disentir con la pareja. Es normal no estar de acuerdo en todo, pero tampoco podemos imponer nuestra opinión o nuestro modo de resolver las cosas a los de la  otra persona. Podemos mantenernos en nuestra posición, pero sin hacer sentir a la otra persona que no la escuchamos o tenemos en cuenta y tratando de resolver conjuntamente el problema.
  •      Basar la relación en confianza mutua. Si ha habido conflictos o problemas severos en el pasado y en teoría han sido resueltos, dejarlos en el pasado. Si no intentar resolverlos, si hace falta con ayuda profesional. Pero centrarnos en ello no nos va ayudar, una vez resuelto el pasado hay que aprender a dejarlo en ahí y confiar en la pareja.
  •      Buscar ayuda profesional. Si nos encontramos en una relación muy conflictiva, en la que la comunicación es deficitaria y la pareja está muy deteriorada una buena opción es plantearse una terapia de pareja.

Todos estos “tips” o pautas van a ayudar a mejorar la comunicación a pesar de que no hará que los conflictos desaparezcan. Pero sí nos ayudará a gestionarlos mejor. No obstante hay algo que debemos considerar en todo momento y es que además de comunicarnos efectivamente tenemos que asegurarnos de compartir buenos momentos con la pareja. Hacer cosas juntos y fomentar el afecto positivo, expresar nuestros sentimientos por la otra persona de manera abierta y directa. Para que una relación funcione, debe haber un interés del uno en el otro y querer compartir tiempo, momentos y recuerdos.


miércoles, 15 de junio de 2016

¿Se puede perdonar una infidelidad?

La fidelidad es una de las bases sobre las que se construye una gran mayoría –no todas- de las parejas y matrimonios, por lo que no es de extrañar que la infidelidad sea una de las causas principales de las separaciones, así como que su superación se encuentre entre los motivos más comunes a la hora de buscar ayuda psicológica para iniciar terapia de pareja.
Perdonar una infidelidad es algo muy personal. Sin embargo, es cierto que desde una situación hipotética, muchas personas afirman que no estarían dispuestas a perdonar una infidelidad, ya sea porque creen que no serían capaces o porque entre sus valores no entra este hecho como algo admisible en una pareja. Pero, ¿Realmente es imposible perdonar una infidelidad? ¿Se puede verdaderamente hacer borrón y cuenta nueva? ¿Es bueno perdonar una infidelidad o es un error?
Todo depende. Es importante señalar que cada caso es particular y concreto, lleno de matices como la vida misma. Tanto es así, que el concepto de infidelidad ni siquiera es universal; no todas las personas entienden esta conducta de la misma manera. De la misma forma, existen muchos tipos de relaciones, y por lo tanto, muchas promesas y compromisos diferentes entre dos personas, por lo cual, serán ambos miembros de cada pareja en particular los que establecerán de forma implícita o explícita sus propios compromisos.
La infidelidad es una de las principales causas de separaciones y casi siempre está provocada por la insatisfacción de una de las partes con el tipo de relación que están llevando; ya sea por el desgaste, o por la monotonía, quizás por el mantenimiento de una relación con conflictos persistentes, o tal vez por la existencia de insatisfacción sexual. Las causas pueden ser múltiples. Fuere cual fuere, lo cierto es que dichas causas no entienden de género y al fin y al cabo, son una elección personal. Quizás lo más lógico sería que la persona que está insatisfecha hable de sus sentimientos con la otra persona y que ambos se esfuercen por encontrar una solución, pero en muchos casos esto no ocurre y la parte descontenta busca el cariño, el apoyo, la comprensión o el sexo fuera de la relación de pareja.
Así pues, la infidelidad en la pareja evidencia una crisis dentro de la relación, un punto de inflexión en el que se deberá optar entre continuar la relación o iniciar una separación.
No todas las parejas en las que se da una infidelidad se separan. Algunas parejas se reconcilian, superan el problema y continúan. En este sentido, a pesar de los efectos negativos que genera una infidelidad tanto a nivel de pareja como individual, hay personas que prefieren centrarse en las cualidades positivas de su pareja y superar este obstáculo, llegando incluso a fortalecer su relación. Pero este proceso de reconciliación no siempre es fácil; de hecho, muchas veces es necesaria la ayuda terapéutica mediante terapia de pareja para llevar a cabo esta reconciliación. La terapia de pareja es una elección que guiará el proceso y facilitará la recuperación, fortaleciendo la pareja y dotándola de estrategias para afrontar las áreas donde se encontraba dañada. Asimismo, con la colaboración de ambos miembros de la pareja, ayudará a introducir los ajustes necesarios en la relación y a gestionar adecuadamente las emociones que una infidelidad puede conllevar en ambas partes (rencor, desconfianza, rabia, culpa, inseguridad, temor, etc.).
Sin embargo, en la otra cara de la moneda, hay parejas que optan por separarse. Puede ocurrir cuando la persona que ha sido infiel decide iniciar una relación con la tercera persona, o cuando hay circunstancias en las que la ruptura de compromiso que se ha producido provoca profundos sentimientos negativos de dolor acumulado en uno o ambos miembros de la pareja, junto a la sensación de no estar ante una situación reparable. En estos casos, es útil un trabajo psicológico individual en el que se elaborará el duelo por el fin de la relación y se empezará a enfocar la nueva etapa vital a la que cada uno, independientemente, deberá enfrentarse.


Sin duda, no existen respuestas a si se debe o no perdonar una infidelidad. Cuando median sentimientos y muchos años de relación, las variables se complican. Lo más importante es tomar una decisión de forma consciente, que conectes con tus sentimientos y determines qué quieres realmente. Y por supuesto, no dudes en buscar ayuda si no sabes cómo afrontar esta situación.  

viernes, 6 de mayo de 2016

Sin ti no soy nada -o dependencia emocional-.


Amar no es sinónimo de sufrir, y aunque pueda parecer una afirmación obvia, lo cierto es que es necesario recordarlo a veces.

“Sin ti no soy nada”, “No puedo vivir sin ti”, “Si me dices ven lo dejo todo”. Indudablemente, el amor es una esencia elemental en nuestras vidas, y su obtención, una necesidad básica del ser humano. Sin embargo, cuando esta necesidad afectiva se convierte en una necesidad extrema y continua que obliga a satisfacerla en el ámbito de las relaciones de pareja, se convierte en dependencia emocional, y gran parte de la vida de estas personas gira en torno al amor.

Las personas dependientes temen a la ruptura y a la soledad. Sin pareja se sienten abandonadas, solas ante el “peligro”, como ni no pudieran enfrentarse al mundo si no es en compañía de alguien, y ese alguien lo focalizan en la pareja. Ese temor, ese miedo, lleva a la tendencia de encadenar relaciones. Estas personas –no todas- suelen ennoviarse desde la adolescencia, o desde muy jóvenes, estando de una manera u otra con alguien. Tras una ruptura, por muy catastrófica o insatisfactoria que haya sido la relación, intentan reanudarla o bien buscan a otra persona que cubra esa necesidad tan extrema de estar acompañadas de alguien. Así pues, aunque este patrón se pueda dar únicamente en una relación, lo habitual es que se suela repetir a lo largo de todas ellas. Los pensamientos, emociones y conductas que refieren a estas personas dependientes vendrían a responder a una (baja) autoestima que depende más del exterior, en vez de confiar en uno mismo. Se trata de amores “descompensado” donde se ama mucho al otro y muy poco a uno mismo.

A menudo puede darse que la persona dependiente busque a una pareja más dominante para crear de esta forma una especie de equilibrio, el cual ni es positivo ni sano para ninguna de las partes. Es más, en cierta manera, estas relaciones se pueden ver a largo plazo como una adicción, en la cual la vida de la persona dependiente se restringe, como ya hemos comentado, a su relación de pareja, y sus sentimientos oscilan en función de la vida, sentimientos, y decisiones de la otra persona, anteponiendo así en todo momento las necesidades de sus parejas a las suyas. Se crea una especie de círculo vicioso en el que la persona enfoca su prioridad en su relación sentimental y se distancia de su círculo de apoyo, a los que puede llegar a considerar una amenaza en su relación. Como resultado, la persona termina apoyándose cada vez más en su pareja, y por lo tanto, la dependencia aumenta.

Ante esta situación, en los casos más extremos, el deterioro social, familiar, laboral y personal del dependiente emocional puede llegar a ser tremendo. La dependencia emocional en sí no es una enfermedad, pero sí puede ser un detonante para otras patologías como la ansiedad, depresión y otra serie de trastornos.

Por tanto, es fundamental intervenir para cortar con los daños que provoca ese patrón de relacionarse. Acudir a terapia puede ser de gran ayuda, pero para ello, lo primero y esencial es ser capaz de reconocer que hay un problema. Reforzar la autoestima, superar el miedo a perder a la otra persona, saber que "Yo soy yo y tú eres tú",  y tener claro que nadie va a poder cubrir las necesidades afectivas de uno mismo y que sólo nosotros podemos hacerlo, serán algunas de las líneas claves la terapia.

Por último, finalizar este artículo destacando tres pilares fundamentales que deberíamos tener grabados a fuego:
1. Aunque la dependencia hacia una persona pueda parecer amor, realmente no es lo es. 
2. La persona que quieres o amas es una parte importante de tu vida pero no la única. Cuando tienes  aficiones, pasiones y opiniones propias, enriqueces la relación; cuando te anulas la empobreces.
3. Sin ti no soy nada . Sin mí no soy nada.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Rupturas de Pareja: Negación


Últimamente en consulta he podido notar cómo aumenta el número de personas que acuden debido a una ruptura de pareja.

 Y si algo coincide en todas ellas es que niegan la aceptación de que sus parejas las han dejado de querer. Necesitan sentir un motivo de peso mayor ya que ese nos les vale y se mantienen en la negación de la ruptura.

Es curioso cómo le cuesta al cerebro aceptar que no se quiere algo simplemente desde la emoción, y cómo se intenta llevar esto a la razón sin llegar a un entendimiento claro. A veces hay emociones que no tienen razones. Tal y como dice Roberto Aguado “la emoción decide y la razón justifica”. Primero sentimos la emoción y a veces no hay una razonamiento lógico o una estructura verbal que permita poner palabras a lo que estamos sintiendo y simplemente expresamos un “te he dejado de querer”, “ya no siento lo que tendría que sentir”…Y es en este mismo momento es cuando el paciente acude a consulta y me suele decir…”no lo entiendo Érika, tienen que haber algo más”, “preferiría que hubiera otra persona, por lo menos lo entendería”, “no sé qué he hecho mal, si yo le quiero tanto y lo he hecho lo mejor que sé”. En ese mismo momento les explico que si una persona ha dejado de sentir ya es una razón con suficiente peso como para no continuar adelante.
Si nos fijamos por ejemplo cuando una persona va a un restaurante y come poco del plato, automáticamente el camarero nos dice: ¿No está a tu gusto? ¿Está poco hecho? Y le contestamos, no no, gracias, simplemente no quiero más… ¿Pero seguro estaba a su gusto?... Nos cuesta aceptar un no quiero más sin buscarle una justificación. Pues bien, en la pareja esto se traduce en un no te quiero más. No quiero que estés más en  mi camino de vida, no siento más….

Quiero aclarar que cuando hablo de dejar de sentir, no hablo de cuando se finaliza esa parte pasional del enamoramiento del principio, que obviamente esas emociones se transforman pero se siguen manteniendo de manera positiva, hablo de cuando ya lo que siento hacia ti es insuficiente o incluso lo que siento son emociones negativas que me hacen llegar a tomar la decisión de no querer continuar junto a ti.
Generalmente a una persona que le cuesta aceptar este tipo de ruptura es porque no se ha relacionado de una manera sana dentro de la relación de pareja y  ha habido una vinculación dependiente e incluso una pérdida de identidad, me olvido de quién soy yo para agradarte a ti. En otras ocasiones son personas que les cuesta mucho aceptar el sufrimiento y acuden a ti para minimizar ese dolor, otras personas simplemente quieren encontrar razones lógicas…

Pero sea el motivo que sea la persona tiene que saber que en toda ruptura hay que pasar por unas fases, ya que no deja de ser la pérdida de una persona. Lo primero es la fase de negación ( a mi no me puede estar pasando esto), luego pasamos a la fase de la rabia ( es que me parece increíble que pudiera hacerme esto, con lo que lo he querido y no sé como es capaz, no lo reconozco), luego se pasa a la tristeza (que pena me da que hoy era nuestro aniversario, generalmente en esta fase se deja de llorar y es una tristeza más profunda) y finalmente se pasa a la aceptación (acepto finalmente que mi vida sigue y que además tiene un sentido y una dirección aunque tu no estés en ella). Muchos autores hablan de la duración de este duelo y lo sitúan sobre los seis meses, pero a mi me gusta situarlo sobre el año donde para mí añadiría una quinta fase, la de la asimilación. Puedo hablar de nosotros sin sentir dolor, puedo pasar por un sitio y simplemente recordarlo sin sentir una emoción “negativa”…



En ocasiones cuesta mucho aceptar estas rupturas porque la persona sigue viva, y ello implica que pueda rehacer su vida, que me la vuelva a encontrar, que tenga que saber de la persona por obligación, (se comparte trabajo, amigos o incluso tenemos unos hijos en común) y esto en ocasiones ralentiza un poco el proceso de duelo.

Las relaciones de pareja están para disfrutar, para andar en una misma dirección, para respetarnos, demostrarnos afecto, confianza, y para convertirnos en grandes compañeros en el viaje de la vida. Pero no tenemos que sostener una relación por el hecho de que tenga que ser para toda la vida, o porque si le digo que lo dejo me dice que se quiere morir, o porque cada vez que intento dejarlo me dice que su vida sin mi no tiene sentido…estas relaciones nunca pueden funcionar ya que no están basadas en un amor sano. Yo siempre digo “te pueden querer mucho, pero quererte muy mal”.


Lo importante es quererte desde un vínculo adulto, desde un amor sano y aceptar que cuando una relación no está basada en una retroalimentación basada en el bienestar, tranquilidad y  felicidad, en ocasiones es mejor soltar y darte una nueva oportunidad para fluir de nuevo…

sábado, 6 de septiembre de 2014

La Disfunción Erectil se soluciona en el 95% de los casos



Cada vez en la consulta tenemos más casos de disfunción eréctil en personas más jóvenes. Lo que me hace reflexionar sobre los estados de ansiedad y de auto exigencia en los que vivimos, impidiendo así que disfrutemos de la sexualidad o de muchas otras áreas de la vida.
Todos sabemos qué es la disfunción eréctil o pérdida de erección pero ¿Qué es lo que la causa?
Las causas pueden ser tanto orgánicas como psicológicas, siendo esta segunda opción la más predominante.

Algunos de los factores precipitantes suelen ser:

·         Disfunción sexual previa
·         Problemas en la relación de pareja
·         Infidelidades
·         Expectativas poco razonables sobre el sexo
·         Estrés
·         Ansiedad
·         Depresión
·         Algún fallo esporádico
·         Edad..

Algunos de los factores mantenedores suelen ser:


·         Anticipación del fallo o miedo al fracaso
·         Culpabilidad
·         Falta de atracción entre los miembros de la pareja
·         Deterioro de la autoimagen
·         Información sexual inadecuada
·         Escasez de estímulos eróticos…

Todo hombre a lo largo de su vida pierde en algún momento la erección, nuestra respuesta sexual no funciona siempre igual, por lo tanto en la fase de erección puede y suele “fallar” en alguna ocasión. Supongo que ahora mismo algún hombre estará pensando bueno, que te pase una vez bien, pero..¿Por qué me ocurre más veces si no me había pasado esto antes?  Yo siempre les explico a mis pacientes que hay dos tipos de hombres, los que les ocurre y no le dan ninguna importancia y los que les ocurre y empiezan a  pensar..¿Y si me vuelve a pasar? ¿Y si tengo algo físico? ¿Qué pensará mi pareja? ¿Y si lo van diciendo por ahí? ¿Y si me dejan por esto? ¿Cómo me voy a poner un preservativo si cuando paro a ponérmelo pierdo la erección? …etc. Esta rumiación a nivel de pensamiento va aumentando los niveles de ansiedad y el miedo anticipatorio provocando que nuevamente se vuelva a perder la erección debido a que se afronta la siguiente relación desde lo que llamamos el rol del observador. El hombre comienza la relación haciendo un análisis de cómo esta su pene, de si tiene erección, de cómo es la erección y este nivel de atención hace que se olviden de estar relajados y de poder disfrutar de la sexualidad, por lo tanto la respuesta sexual se “apaga”.




El tratamiento es sencillo y efectivo sin necesidad de tomar medicación, salvo en el caso en el que realmente haya alguna causa orgánica. Durante el tratamiento se trabajan los pensamientos anticipatorios, la ansiedad y se mandan una serie de ejercicios para que el paciente de nuevo adquiera seguridad en sí mismo y se permita volver a disfrutar de la sexualidad. He querido recalcar esto ya que la medicación es una vía rápida que cada vez se está utilizando más cuando no es necesaria en la gran mayoría de los casos.

Me gustaría terminar con una frase de Paco Cabello que dice: “detrás de un pene hay una persona, a su lado una pareja y rodeados de un entorno” y sin actuar sobre el conjunto todo pierde valor, o al menos es un valor relativo.

Erika Alcolea Schott
Psicóloga y Coach
Martinez Bardají Psicologia y Salud
www.psicologiaycoaching-zaragoza.es

C/Alfonso nº28 
50003 Zaragoza


miércoles, 26 de marzo de 2014

DESEO SEXUAL mucho, poco o regular?- Como evoluciona en la pareja.


Cada día acuden más pacientes a consulta demandando mejorar su deseo sexual debido a que o lo tienen totalmente bloqueado o no hay sintonía entre su deseo sexual y el de su pareja.

Cada persona es un mundo y no existe una frecuencia sexual ideal, siempre y cuando haya un equilibrio y un bien estar entre los dos miembros de la pareja. Conforme avanza la relación es normal que el número de relaciones disminuya debido a la rutina, la monotonía, la llegada de los hijos, las discusiones, a que el príncipe comienza a dejar de ser príncipe y la princesa deja de ser princesa… La pasión del principio no se mantiene a lo largo de la relación pero se transforma en otra serie de emociones que también nos pueden aportar una unión fuerte y duradera a nivel sexual. El deseo sexual no es lineal, oscila a lo largo de nuestra vida y por estar en un momento en el que no siento el deseo sexual como antes no pasa nada, ¡no soy un bicho raro!

Sexualidad y Afectividad están directamente relacionados.  Cuando hablamos de un bajo deseo sexual  la afectividad se percibe como una amenaza a una posible relación sexual y por lo tanto se  acaba dejando de lado también el afecto; se evita cualquier caricia, beso o acercamiento para impedir la posibilidad de que eso desemboque en una relación.

Es importante cuando una pareja viene a consulta observar en ese momento cómo están, ya que en ocasiones la falta de deseo sexual sólo es la parte visible a los problemas que realmente están existiendo y que podemos ser o no conscientes de ellos.

El deseo sexual realmente es nuestra parte instintiva animal, pero si cada vez vamos teniendo menos relaciones sexuales y hacemos menos masturbaciones llega un momento en que la respuesta sexual queda bloqueada y con ello queda bloqueado el deseo.
 Este bloqueo los pacientes lo explican de la siguiente manera “Podría vivir perfectamente sin sexo”. Por esta razón es muy importante mantener en activo la respuesta sexual individual a través de las masturbaciones  ya que en el caso de que no lo hagamos y nuestra relación de pareja no vaya bien, o nuestra sexualidad en la pareja esté debilitada corremos el riesgo de que nuestro instinto quede dormido.



El instinto sexual se puede ver perjudicado por varias razones como pueden ser:

·        * problemas hormonales
·         *Fármacos
·     * Desinformación a nivel sexual: falta de experiencia y de conocimiento a nivel sexual, ideas irracionales que me impiden disfrutar de la sexualidad.
·      * Escasa comunicación sexual. Tenemos que saber y hablar mucho sobre sexo con nuestra pareja. Cada persona es diferente y cada persona es un mundo nuevo de exploración. Si no se qué le gusta a mi pareja y cómo le gustan las cosas tengo una mayor probabilidad de que mis relaciones sexuales se vuelvan aburridas.
·       *Rutina. Esta es algo en lo que es fácil caer y que tenemos que aprender a evitar. No podemos hacer siempre lo mismo, en el mismo sitio y a la misma hora… esto se vuelve aburrido. De vez en cuando es importante sorprendernos, hacer algo que el otro miembro de la pareja no espere, jugar, reírnos, explorar nuevas cosas y situaciones…
·    *Baja autoestima: generalmente cuando no me siento a gusto conmigo mismo me cuesta entregar o compartir mi cuerpo a o otra persona, ya que esto significa “desnudarme” ante la otra figura.
·   *Ansiedad y estrés. Este es un punto muy importante. Nuestra respuesta sexual queda totalmente bloqueada ya que no podemos disfrutar de algo cuando estamos sintiendo ansiedad. Esto es incompatible.
·        *Depresión: Con un estado de ánimo decaído o con sintomatología depresiva o en el periodo de transcurso de un duelo es muy difícil que nuestro apetito sexual no decaiga. Volvemos a la misma incompatibilidad que en un estado ansioso.
·        *Abusos sexuales: Si es un abuso que no ha sido trabajado y ha quedado en nuestra memoria como un recurso traumático es muy difícil que me pueda permitir disfrutar de la sexualidad debido a que cuando  voy a intentar tener una relación sexual hay un “programa mental” que me lo impide.
·        *La llegada de los hijos: es inevitable tener que aceptar que la llegado de un hijo va a cambiar nuestra vida sexual, nuestras relaciones sexuales suelen perder al principio la libertad del momento y son relaciones programadas. Pero es importante aunque sea de esta manera que se mantengan y no caigamos en el error de dejar la sexualidad para el escalón más bajo de toda nuestra escalera.

Para poder empezar un tratamiento es importante saber cuál es la causa de este bajo deseo sexual y desde ahí poner en marcha los recursos necesarios para que nos podamos sentir mejor con nosotros mismos y con nuestra pareja.


¡Nunca compares tu vida sexual con la de los demás! Como ya decían los anglosajones “la hierba del vecino siempre es más verde” (lo que no implica que sea así). 

lunes, 24 de febrero de 2014

Unas lineas sobre la ansiedad

La ansiedad  es una respuesta  de activación ante la anticipación  o la presencia  de un estímulo que puede resultarnos más o menos amenazante y que en niveles bajos resulta adaptativa, pero si aparece en periodos cada vez más largos con gran intensidad y/o con estímulos no amenazantes ya lo consideraríamos problemático o patológico.

Cuando una persona siente ansiedad, lo que más destaca de dicha experiencia es esa sensación de intenso malestar y los síntomas físicos que está experimentando: sensación de ahogo, naúseas, palpitaciones, temblores…Por este motivo, se le suele dar una mayor importancia a estos síntomas y no se tiene muy en cuenta los pensamientos que está teniendo la persona en ese momento. Sin embargo, el pensamiento juega un papel central en la aparición de la ansiedad!

Si un día determinado en una fiesta con mucha gente, tenemos esos síntomas de ahogo, nervios y angustia  y sentimos urgencia de huir y escapar, puede ser que otro día que estemos en otra fiesta nuestra mente empiece a generar pensamientos  del tipo: “Me va a volver a ocurrir” “no puedo respirar”…etc, lo que nos llevará a experimentar esos síntomas físicos que la mera situación por sí misma no genera y empecemos a coger miedo a acudir a fiestas o a sitios donde haya mucha gente.

Este es el mecanismo por el que suele actuar la ansiedad, y en él es crucial nuestra sensación de  no control y este diálogo interno que tenemos con nosotros mismos.

Los factores condicionantes y desencadenantes de la ansiedad pueden ser diversos: los relacionados con el ambiente, los familiares, genéticos, químicos…etc

La preocupación excesiva ante una situación ansiógena, genera aprehensión, manifestándose a través de dos tipos de síntomas:

a) Síntomas de la ansiedad psicológicos : nerviosismo, irritación, inseguridad, miedo a estar solo, dificultad para la concentración intelectual, agitación motora, insomnio, sobresaltos frecuentes, todos originados por ese grado de ansiedad que no desciende.

 b) Síntomas de la ansiedad físicos: los más comunes son, taquicardia, aumento de la frecuencia cardíaca, alteraciones en el reflejo pupilar, tensión y contracturas musculares , temblores, sudoración intensa, etc. Es importante aclarar, que no todos estos síntomas están presentes en el paciente que tiene ansiedad, pero sí algunos de ellos.

Con respecto al tratamiento, es fundamental lograr un diagnóstico y tratamiento precoz.
 En atención primaria todavía es difícil de diagnosticar en la práctica, pues los pacientes deciden acudir a consulta después de la aparición de complicaciones como depresión clínica o abuso de sustancias.


Entre las opciones de tratamiento disponibles se puede percibir un cambio en el estilo de vida, exposición al estímulo temido, razonamiento y cambio de pensamientos,  control del estrés, relajación, hipnosis..etc y el tratamiento farmacológico.