viernes, 26 de mayo de 2017

Manipulación y chantaje emocional en la pareja: Qué es, como identificarlo y como abordarlo.

El chantaje emocional es una forma de manipulación que, en muchas ocasiones, puede provenir de personas cercanas con las que compartimos algún lazo afectivo. Pueden ser amigos y/o familiares, aunque en muchas ocasiones aparece en el ámbito de la pareja. A través de ella, la persona que manipula emocionalmente pretende controlar a la otra persona, en términos de actos, de manera a veces muy sutil. En muchas ocasiones se justificará a través del afecto, y puede hacernos sentir sin posibilidades de elección. Llevado al extremo, el chantaje emocional se considera un acto de violencia psicológica y puede dañar y minar en gran medida nuestra autoestima así como generar heridas emocionales.

La manipulación emocional viene camuflada, en muchas ocasiones, en frases del tipo: “de acuerdo, pero si me quisieras… no lo harías…” “Haz lo que quieras, pero no te extrañes si luego nos va mal y te dejo…” “Decide tu, pero atente a las consecuencias” “Si me dejas estaré solo/a” “Ve si te apetece, yo me quedaré aquí abandonado/a…” etc. En definitiva, bajo palabras que buscan despertar en la persona manipulada sentimientos de culpa y/o miedo, de manera que acabamos cediendo a los deseos de la otra persona. 

Causas del chantaje emocional
Generalmente, una persona manipuladora puede parecer emocionalmente fuerte e intensa, pero en realidad está encubriendo una serie de miedos y carencias emocionales importantes. A veces comienzan a hacerlo incluso sin darse cuenta, impulsados por la emoción y el miedo. Las causas más comunes incluyen:
  • Baja autoestima y pobre autoconcepto: Debido a que el concepto de sí mismos/as está deteriorado, buscan reafirmarlo con su entorno. Para sentirse válidos/as pueden pedir demostraciones de afecto casi imposibles y que los demás, en especial la pareja, cumplan todos los deseos para “demostrar amor”.
  • Miedo al abandono: En relación a lo anterior pero con mayor profundidad, las personas que tienden a manipular emocionalmente suelen enmascarar heridas emocionales de abandono. Desde este miedo puede aparecer un temor excesivo e irracional a que la pareja les abandonen, lo que les puede llevar a conductas de 1) control de la pareja para que no se vaya y 2) búsqueda de demostraciones de amor constantes.


Las dos anteriores no son excluyentes y en muchos casos podrán darse de manera conjunta. Otras causas podrían ser el aprendizaje durante la infancia (si han sido víctimas de manipulación emocional a edades tempranas por ejemplo. O si han sido sobreprotegidos y no tienen tolerancia a la frustración) o a la existencia de rasgos de personalidad de tipo principalmente narcisista.

¿Como se manifiesta o que tipos existen?
Existen diversas maneras de manipulación emocional, algunas mucho más explícitas que otras. Al final, y como es lógico, cada persona emplea las que más útiles le han sido a lo largo del tiempo. No obstante, se han identificado algunas maneras típicas y comunes que tienen los manipuladores emocionales de lograr sus objetivos:
  • Culpabilidad: Lograr que la otra persona sienta culpa para que acabe haciendo lo que se le está pidiendo. Ya sea a través de frases que hagan sentir mal a esta persona o castigando, por ejemplo con silencio, hasta lograr lo que desean.
  • Dependencia: En este caso, la persona lograría el control expresando una dependencia excesiva de la otra persona. Enmascaran este control a través de mostrarse débiles e impotentes, con manifestaciones del tipo “si me abandonas no lo soportaré” “si me dejas no vale la pena vivir”.
  • Generar dependencia a la otra persona: Conociendo sus puntos débiles, minar su autoestima para continuar “salvándole” de la situación y “estando ahí siempre”. De esta manera, genera una falsa dependencia a la otra persona pudiendo manejar a su antojo su comportamiento.
  • Victimismo: Frente a cualquier conversación, discusión o situación, hacerse la víctima de manera que al final acaben cediendo a sus deseos.
  • Castigos y ultimátums: En este caso hablamos de un tipo de manipulación mucho más explícita y agresiva. En este caso, pueden aparecer ultimatums del tipo “si lo haces te dejaré” o “haz lo que quieras, pero atente a las consecuencias, si luego no quiero estar contigo”.
  • Falsas promesas: Cuando perciben una reacción por parte de la otra persona pueden llegar a decir que no pasará más y pedir otra oportunidad. Que no habrá más ultimátum, que serán más flexibles… Pero generalmente se quedará en una promesa y puede ser incluso una señal de alarma.

¿Cómo lo detectamos?
A pesar de conocer los tipos de chantaje o manipulación emocional, a menudo no es tan fácil identificarlos en la vida real. No todas las personas lo hacen de la misma manera ni tienen los mismos objetivos: puede ir desde una manipulación indirecta, no definida, hasta la intencionalidad de provocar daños en la persona manipulada. Sea como sea, generará marcas emocionales en la persona que lo sufre, motivo por lo que es importante estar atentos a las señales. Algunas de ellas, junto con la detección de patrones como los anteriormente comentados, son:
  • Nos realizan demandas que nunca tienen en cuenta (e incluso van más allá) nuestros deseos y necesidades.
  • Por mucho que nos pidan y hagamos nunca es suficiente y además nos harán sentir mal si no cedemos a sus deseos.
  • No ceden nunca o ceden de manera condicional. Cuando lo hacen es probable que lo utilicen en nuestra contra en un futuro cercano.
  • Tergiversan las palabras: Se les da genial “darle la vuelta a la tortilla” y victimizarse.
  • Amenazan emocionalmente, exageran las consecuencias de un error y hablan siempre del daño que les causamos.
  • Subestiman los problemas de los demás y los suyos son los únicos y reales.
  • Siempre quieren dominar, controlar y tener la razón en cualquier conversación.
  • Son muy lábiles emocionalmente.

      No obstante, tenemos que tener en cuenta que no todo va a ser siempre chantaje o manipulación. A veces pueden darse situaciones como las anteriormente descritas sin que nos encontremos frente a un manipulador o manipuladora emocionales; va a haber discusiones, críticas, enfados... El problema radica cuando todo lo anterior ocurre de manera sostenida y es el patrón de interacción habitual. En estas ocasiones la persona manipulada sentirá que no tiene libertad de elección, puede sentir culpa, vergüenza y a veces incluso miedo de enfrentar a la otra persona.

      El chantaje emocional en la pareja
No todas las relaciones de pareja son sanas ni los sentimientos que se generan son siempre positivos; en ocasiones, debido a miedos, celos, inseguridades, falta de recursos, o mil razones más, puede darse una lucha de poder  en la que la persona que los siente, impulsado por ellos, busca controlar la relación como método poco acertado para controlar esos sentimientos.

Cuando el chantaje emocional se da en la pareja, suele darse de manera paulatina. Cuando aparece suele ser sutil y cuesta identificarlo en un primer momento. Se convierte en una estrategia de control, de manera que tiene el “poder” de la relación y a menudo se emplea como medio para reafirmar que la pareja “le quiere”. Busca la obediencia generando culpa y responsabilidad en la otra persona. 
Incluso, le puede llegar a generar importantes niveles de ansiedad.

En una pareja, la manipulación emocional emplea el afecto y el amor propios de la relación para lograr sus metas. Tergiversa situaciones, culpabiliza al otro, y esconde muchas veces que  “cuanto más cedes más me quieres, y si no no me estás queriendo bien”. Además, en este caso la persona que manipula suele tener un amplio abanico de recursos sea consciente o no. Cuando no puede manipular a la pareja en un momento dado, suele recurrir al pasado, a situaciones vividas en el pasado, a todo lo que han hecho por la otra persona, y similares.  

En general y como se pincela anteriormente, el intento de control de la pareja viene de un intento de control total sobre la relación. Y este vendría impulsado por importantes niveles de temor a perder a la pareja y miedo al abandono por parte de esta. Además pueden existir una importante inseguridad persona, falta de autoconfianza y baja autoestima. Y la mayoría justifican sus actos desde el amor. No obstante, sea como sea, tenemos que tener presente que ningún tipo de manipulación es amor y que supone una manera de violencia psicológica. Si se da por miedos, inseguridades y heridas emocionales habrá que abordarlo, pero no debemos caer en la trampa de justificarlo a pesar de existir dicho trasfondo.

¿Cómo protegerse/evitarlo?

El primer paso es aprender a identificarlo. Conociendo como ahora conocemos lo que es, podemos estar atentos a las señales para poder reaccionar de manera diferente a como solíamos hacer. Identificar como nos sentimos frente a las peticiones de nuestra pareja nos ayudará a identificar si se puede estar dando una posible manipulación emocional. Cuando lo que nos pide la otra persona comienza a condicionar nuestras actitudes y actos, generando remordimientos y culpa, y haciéndonos sentir “atados” y sin libertad de elección, es muy probable que esté ocurriendo una manipulación emocional. De esta manera, “tenemos que hacer lo que el otro quiere, porque si no no le queremos”. Pero nosotros no estamos a gusto ni de acuerdo…
A partir de aquí, cuando percibimos estas situaciones, podemos intentar cortarlo de la siguiente manera:

  • No ceder a los chantajes. Si vemos que está ocurriendo, podemos analizar el comportamiento de la otra persona y cambiar nuestra reacción habitual (por ejemplo, atreviéndonos a decir que no y a expresar lo que queremos asertivamente, comunicando como nos sentimos cuando ocurre esto).
  •  Mantener nuestra independencia emocional: No solo frente a la manipulación, pero siempre dentro de una relación de pareja. La independencia emocional de cada uno es clave para que una pareja funcione adecuadamente, que dos personas puedan ser independientes, pero prefieran estar juntas.
  • Pregúntate si eres feliz y si necesitas  a tu pareja para mantener tu autoestima. Si crees que está faltando algún derecho básico, hazlo saber.
  • No ser permisivo. Cuando una relación se basa en la manipulación estamos en una relación tóxica. Esto nos va a desgastar, a minar nuestras energías y además nos hará sentir emocionalmente heridos. La manipulación no es amor.
  • Dejar atrás los victimismos: tampoco vale victimizarse sobre como somos tratados. Tenemos capacidad de decisión y actuación, para cambiar nuestras reacciones. Y siempre podemos decidir si queremos seguir en una relación de ese tipo, abordarlo en terapia de pareja o dejar la relación, qué hacer con respecto a ella.
  • No pensar que todo es chantaje emocional: nos estaríamos equivocando. Todos tenemos derecho a reprochar conductas o actitudes, a enfadarnos… por lo que también tenemos que aprender a respetarlo. Hablamos de manipulación cuando un miembro de la pareja mina constantemente la libertad y los derechos de la otra persona.


Hasta ahora hemos hablado de en qué consiste el chantaje emocional, como identificarlo y como abordarlo, a grandes rasgos. En ocasiones, a medida que se mejora la comunicación y cambia nuestra manera de reaccionar, cortando las manipulaciones, puede darse una mejora. No obstante, si vemos que se mantiene en el tiempo y genera importantes niveles de malestar, será necesario abordarlo en pareja con un profesional si queremos mantener una relación sana.

Si tienes cualquier duda o necesitas orientación, no dudes en ponerte en contacto con Martínez Bardaji psicología y salud,
Estaremos encantadas de ayudarte.


miércoles, 19 de abril de 2017

Estrés y respuesta sexual: ¿Como se relacionan?

Evolutivamente, el estrés ha servido para ponernos alerta ante el peligro. Nos prepara para huir o luchar frente a aquello que resulta amenazador: nos ha servido para sobrevivir. No obstante, en nuestra rutina actual, la respuesta de estrés tiene más que ver con situaciones relacionadas con miedos y demandas de nuestro día a día que con peligros físicos. Esta respuesta de estrés supone, a nivel fisiológico, una importante alteración hormonal que por ende podrá afectar a diferentes procesos y respuestas de nuestro organismo.  Por ello, independientemente de la causa generadora de estrés, este diferente estado a nivel hormonal (traducido en un estado de alerta) repercutirá en diferentes áreas de nuestra vida, entre las que está la sexualidad.  

A la hora de hablar acerca de cómo afectan el estrés y la ansiedad a nuestra sexualidad hay que comenzar considerando que existirán importantes variaciones en función de cada persona. Dentro de los cambios que el estrés puede producir en la respuesta sexual, podrán aparecer desde un importante descenso de la libido hasta una mayor búsqueda de contacto sexual, sea en solitario o con pareja. Muchas personas, durante épocas de estrés, incrementan su deseo e incluso capacidad de disfrutar y llegan a emplear su sexualidad para reducir sus niveles de estrés; al final podría servir como método de obtención de gratificación, bienestar y relajación. No obstante, una respuesta muy habitual puede ser un decremento de la libido, de la mano de un cambio en la respuesta de excitación e incluso dificultades para alcanzar un orgasmo. A nivel de funcionalidad fisiológica, pueden aparecer diferentes síntomas en función del género. En el caso de las mujeres también podrían aparecer, sobre todo, problemas de lubricación y contracciones de los músculos de la vagina. Para los hombres, podrían aparecer problemas de erección y eyaculatorios (por defecto o por precocidad).
A pesar de todo lo anterior, no necesariamente tener estrés nos va a generar cambios en nuestra respuesta sexual habitual. Como se recalca anteriormente, hay un componente individual muy importante que influirá directamente y podría darse el caso de elevado estrés sin repercusiones en la sexualidad.

Estrés y ansiedad por las relaciones sexuales
El sexo, por presencia o ausencia, puede suponer en sí un factor de estrés que retroalimentará a como afecta el estrés a nuestra sexualidad. Hasta ahora hemos hablado de cómo nos afectan estrés y ansiedad generales en nuestra sexualidad. Pero además, las propias relaciones sexuales pueden generarnos ansiedad anticipatoria en algunos casos. Cuando hacemos caso a ideas distorsionadas y mitos como “tengo que satisfacer por todos los medios a la otra persona y cumplir”, “tengo que ser el/la mejor”, “no puedo terminar antes que mi pareja/tenemos que terminar a la vez”, “tiene que gustarle todo lo que hagamos”, “tengo que complacerle/a sin importar como esté yo” y similares, se genera una importante ansiedad. La atención, lejos de estar en el contacto y la intimidad se focaliza a estas “obligaciones”, se fusiona con estos pensamientos y mitos y no permite disfrutar pudiendo generar, incluso, disfunciones secundarias.
En relación a lo anterior, existen elementos relacionados con la sexualidad que podrían impedir un disfrute pleno de la misma al “anclarnos” a obligaciones e ideas distorsionadas. Entre los más importantes, encontramos: 
  • Doble moral: Generalmente, los mitos sobre la sexualidad vienen muy ligados a concepciones de género, sobre lo que la mujer es y debe en la sexualidad y lo que el hombre es y debe en la sexualidad. Estas supuestas diferencias, además de quedar lejos de la realidad, ser fundamentadas e injustas, generan importantes problemas en el desarrollo de una vida sexual sana.
  • La sexualidad se reduce al coito: La sexualidad es todo. No podemos reducir la sexualidad ni la erótica a lo puramente relacionado con el coito. La vivencia plena de la sexualidad se realiza explorando el cuerpo, descubriendo qué da placer. La erótica y la sexualidad se reparte por todo nuestro cuerpo y explorando con la pareja sexual se descubre, siempre por supuesto desde el respeto mutuo.
  • Tener relaciones sexuales solo por y para alcanzar el orgasmo. Que esa sea la única finalidad o la creencia de ello, puede generar importantes niveles de estrés. Cuando no se alcanza o cuando la pareja no lo hace, forzarse a lograrlo y culpabilizarse por no conseguirlo podrá generar estrés y ansiedad. Distanciarse de esta idea de necesidad permitirá disfrutar de la sexualidad en mayor medida, ya que se puede obtener una gran cantidad de placer y disfrute con la pareja sin que haya un orgasmo.


Independientemente de la causa, el estrés y la ansiedad pueden no permitirnos disfrutar de las relaciones sexuales al no permitirnos focalizar y dirigir la atención a las sensaciones y la vivencia sexual. Cuanto más nos fusionamos y enredamos con estas emociones y los pensamientos asociados, más complicado será dejarse llevar y disfrutar plenamente de nuestras relaciones. Por otro lado, la pareja conocedora de esto puede seguir ciertas pautas para ayudar a la otra persona a afrontar este momento. En primer lugar, mostrarse a su lado en el momento vital en el que se encuentra, apoyarle. NO culpabilizarse a uno mismo porque lo sexual no esté funcionando como lo venía haciendo anteriormente: Es entendible que ocurra ahora que conocemos como afecta el estrés y la ansiedad. No meter prisas para volver al estado de antes y dialogar. Este último punto, siempre será clave para la pareja. Si además se intenta avivar la “magia” de alguna manera (ojo no crucemos una línea y acabemos presionando), se favorecerá la “vuelta a la normalidad”. Considerando que la vida sexual de la pareja podría verse afectada y considerando lo anterior, el punto clave será siempre la comunicación directa y abierta para evitar que puedan surgir otros problemas en la relación. Y si el problema se mantiene durante más tiempo, plantearse acudir a un profesional.

Si crees que podrías necesitar ayuda o asesoramiento, no dudes en ponerte en contacto con Martínez Bardaji psicología y salud.


Estaremos encantadas de ayudarte. 

martes, 21 de febrero de 2017

Comunicación sexual en la pareja: ¿por qué es tan importante?

La comunicación es un elemento clave para el funcionamiento sano de una pareja. No obstante, incluso cuando hay una buena comunicación en pareja existe un área en la que la comunicación puede no ser tan distendida como para el resto y en la que es muy necesaria: la comunicación en el área sexual.
Antes de nada, tenemos que comprender que la sexualidad engloba diferentes elementos en la pareja: deseo, complicidad, amor, pasión y sexo como principales. También tenemos que tener en cuenta que sexualidad no implica necesariamente una relación sexual con penetración.  De la mano de la sexualidad, la comunicación va a ser esencial en torno a toda la erótica, de ambas partes de la pareja. Hablar de todos esos elementos que incluye la sexualidad nos ayudará a vivir una sexualidad más satisfactoria y plena. Incluso, vivir la sexualidad en pareja, en sus diferentes manifestaciones, es una manera de comunicación en la pareja, en un lenguaje más íntimo, que puede llegar a expresar el amor, la complicidad y la intimidad.










¿Cuál es el problema con la comunicación en el terreno sexual? Este tema se rodea de importantes tabúes. Para muchas personas adultas, debido al tratamiento social que históricamente se le ha dado a la sexualidad, puede resultar incómodo hablar sobre el tema. Se trata de un tabú socialmente impuesto. Pero realmente, la sexualidad es algo natural, de lo que todos y todas deberíamos sentir poder hablar con total naturalidad. No obstante, no siempre es este el problema en la comunicación sexual. En ocasiones, los problemas pueden radicar en el miedo o la vergüenza: a que lo que la pareja pensará de nosotros, o a que se sienta ofendido u ofendida si le transmitimos que algo no nos gusta. Incluso, a veces, mitos sobre la sexualidad como que “todo tiene que ser mágico y salir solo”, nos impiden comunicarnos abiertamente.

¿Qué consecuencias tiene no hablar sobre sexualidad? No es raro observar que las personas que tienen una importante falla en la comunicación sexual dejan de disfrutar en pareja de su sexualidad. Pero además, como no obtienen placer, una o ambas partes pueden tender a evitar el contacto o a retirarse, a buscar menos a la otra persona o a poner “excusas” para no tener relaciones de ningún tipo. En estos momentos, la relación de pareja puede tambalearse en mayor medida frente adversidades, aparecer desconfianzas radicadas en esa falta de comunicación en el terreno sexual, y ampliarse a áreas comunicacionales diferentes a esta.

¿Para qué servirá mejorar la comunicación sexual? En primera instancia, para mejorar la calidad de las relaciones sexuales. Incluso aunque hayan sido siempre satisfactorias, tras una relación de pareja de larga duración es fácil caer en la rutina. Fomentar la comunicación abierta y activa, además de permitirnos en pareja descubrir qué de lo que ya se hacía gusta más o menos, permitirá explorar conjuntamente la sexualidad y descubrir cosas nuevas. Permitirá a la pareja la apertura para innovar, probar cosas nuevas y vivir la sexualidad de manera renovada.  Además, favorece la construcción de la intimidad y satisfacción mutua en la pareja. Por último, si en algún momento aparece algún tipo de problema en el funcionamiento sexual de una de las partes, ser capaces de comunicarnos abiertamente en este ámbito permitirá abordarlo de manera más adecuada y relajada, sin tener una repercusión psicológica grave en ninguna de las partes. A lo largo de nuestra vida, hombres y mujeres, podemos experimentar problemas para mantener relaciones sexuales. Hablar abiertamente en pareja sobre lo que ocurre, sin buscar culpables y desde una posición empática y comprensiva será clave para su resolución. Cuando aparecen disfunciones del tipo que sea, es común que ambas partes de la pareja se puedan sentir mal, echándose ambas dos la culpa. En cambio, es algo que puede ocurrir y que no implica necesariamente un culpable, una infidelidad, un “ya no me quieres / ya no te pongo” u otras causas que generamos en nuestro pensamiento frente a la incertidumbre. Simplemente se trata de algo normal, que habrá que abordar con naturalidad. Ahora bien, si se convierte en algo que ocurre de manera repetida y recurrente, se acudirá a ayuda profesional.

¿Sobre qué comunicarnos en pareja en términos de sexualidad? Sobre todo lo que tenga que ver con la sexualidad. Sobre lo que nos gusta y no nos gusta (ojo, no solo en el ámbito de la penetración. Sino sobre todo aquello que nos de placer). También sobre nuestras fantasías y deseos, que nos permitirá compartirlos y que pueda participar la otra persona, buscar como satisfacerla o incluso llegar a cumplirlo en función de que se trate. Compartir todo esto puede incrementar el deseo y avivar el erotismo en pareja, alejándonos de la rutina y “manteniendo la llama” en lo que a la sexualidad se refiere.

Y ahora… ¿Cómo empezamos a hablar de sexualidad? Lo primero será identificar qué tal es la comunicación en la pareja, ya que en ocasiones la falta de comunicación en terreno sexual viene de la mano de una falta de comunicación general que habría que abordar primero. Si la comunicación es buena, una manera sencilla de comenzar a fomentar la comunicación sexual en pareja es comenzando por hablar de sexualidad y sexo en general. A partir de ahí, cuando hablamos abiertamente del tema, podemos empezar a personalizar y a hablar de lo que nos gusta y no nos gusta, de lo que nos gustaría probar. Y… ¡Ojo aquí! Siempre habrá que tener en cuenta al otro miembro de la pareja, y no caer en “lo que tiene que hacer el otro” ni “lo que hace mal”. Sino hablar desde la perspectiva conjunta o desde lo que percibimos desde nosotros mismos.
Este tipo de conversaciones deben caracterizarse por la tranquilidad y no fundamentarse bajo ningún concepto en reproches. El objetivo es que sean conversaciones tranquilas y abiertas, sinceras, cuyo objetivo sea crecer en el terreno sexual y buscar identificar como incrementar el placer y la satisfacción mutuos. En este sentido, auto-conocerse favorecerá el poder comunicarnos en términos de qué nos gusta y que no con la pareja, y descubrir maneras de vivir la sexualidad. Buscar aprender juntos, documentarse, descubrir inquietudes y deseos en pareja es algo que desde aquí se puede fomentar.
Ante todo, lo esencial es desarrollar la capacidad de poder hablar de cualquier cosa en pareja, de manera que sentimientos y necesidades sean siempre expresados.

Si crees que podrías necesitar asesoramiento con respecto a temas de sexualidad o de comunicación en pareja en este terreno u otro, no dudes en ponerte en contacto con Martínez Bardaji psicología y salud.


¡Estaremos encantadas de ayudarte!

miércoles, 21 de diciembre de 2016

La idealización de la otra persona en la relación de pareja: ¿como afecta?

Cuando comenzamos una relación de pareja parece que todo es ilusión. Es frecuente que aparezcan afirmaciones del tipo: “Me encanta todo en mi pareja”, vivimos un período inicial de “cuento de hadas” en el que todo son (parece) detalles y buenos momentos. Cada nuevo elemento a descubrir en la otra persona parece ser mejor que el anterior y parece que solo percibimos virtudes; y si observamos defectos, tendemos a minimizarlos u omitirlos. No obstante, esta percepción tiene más que ver con un proceso de idealización inicial de la pareja que no durará eternamente, que caracteriza sobre todo al período de enamoramiento y que según como se maneje puede tener consecuencias en momentos posteriores de la relación.

¿En qué consiste idealizar a la pareja? Idealizar a la pareja consiste en maximizar sus virtudes y minimizar sus defectos hasta llegar, en ocasiones, a casi omitirlos; lleva a interpretar todo lo relacionado con la pareja a través de un “filtro” positivo. La idealización del otro es algo común en la etapa inicial de enamoramiento, durante esos primeros meses de marcada ilusión y pasión. Incluso, se ha considerado que esto podría ser beneficioso para la pareja siempre y cuando (y aquí viene lo complicado) no sobrepase los límites de la realidad. Cuando la idealización de la otra persona se torna irrealista (atribuyendo a la pareja cualidades o virtudes que directamente no existen o que se magnifican en exceso) la relación de pareja se verá afectada. Al idealiza al otro de esta manera, se producen  desengaños y conflictos: la persona que idealiza, al ver la realidad, ve sus expectativas no satisfechas y genera demandas excesivas a la pareja. Sentirá que la otra persona le ha fallado, comenzarán los reproches y no sería raro que aparezcan comentarios del tipo “no eres la persona que conocí”. Por otro lado, la persona idealizada percibe que se le hacen demandas que no comparte o comprende y siente una elevada frustración al no poder complacer a la pareja o al no comprender lo que ocurre entre ambos. Además, esta persona no percibirá aceptación por su pareja y por supuesto se sentirá presionada. En este punto ambas partes se vas a distanciar y si no se gestiona de algún modo y conjuntamente, la cantidad de conflicto aumenta hasta poder derivar en una ruptura. E independientemente de que la ruptura ocurra, el distanciamiento y frustración en la pareja aparecerán e irán incrementándose exponencialmente.

¿Por qué se llega a idealizar en exceso a una pareja? Antes de nada, me gustaría recalcar que hasta cierto punto, la idealización de la pareja es algo normal de la etapa de enamoramiento y que solo es problemática cuando se mantiene de manera irracional. La idealización irracional atribuye a la pareja virtudes que no existen y genera una imagen distorsionada del otro, mientras que la idealización normativa lo que hace es valorar algo más positivamente a la pareja que al resto de personas pero sin cruzar los límites de lo real. Llegar al extremo de la idealización excesiva puede relacionarse con diversos factores y dependerá de cada caso individual, pero sobre todo parece haber relación con una autoestima disminuida. Cuando se tiene una baja autoestima y los pensamientos sobre uno mismo tienden a estar descritos en términos negativos, es más fácil que aparezca la tendencia a sobrevalorar a otras personas mucho más positivamente de lo que sería realista. Se sitúa a la pareja en un nivel “superior” a uno/a mismo/a, sobrevalorando sus deseos y opiniones sobre los propios. Dentro de este círculo, la autoestima comienza a disminuir cada vez más: pueden aparecer pensamientos del tipo “no sé que hace conmigo” y miedo intenso a ser dejado. En este punto, se está generando un importante desequilibrio en el funcionamiento de la pareja además de una dependencia emocional hacia la persona idealizada.  Como añadido, tienen una alta influencia también los mitos sobre el amor romántico y la pareja “ideal”, así como los mitos de la media naranja. Asumir que debe existir una persona que “debe ser nuestra única confidente” y “atender en exclusiva a todas nuestras necesidades emocionales” favorecen la aparición de demandas poco realistas hacia la pareja.

¿Cómo podemos evitar caer en la idealización excesiva de la otra persona? En primer lugar, aprendiendo a valorar que todas las personas tienen virtudes y defectos. Debemos aprender a apreciar que ninguna persona hace todo bien, es imposible. Nadie queda libre de equivocarse, ni luce perfecto a todas horas. Un punto clave y fundamental para evitar caer en la idealización, y ya no solo hacia la pareja sino hacia cualquier persona, es aprender a valorarnos  y a no compararnos con los demás. Debemos aprender a ser críticos con nosotros mismos para lo malo pero también para lo bueno. Y percibir en qué aspectos podemos sobresalir frente a otras personas, aprender a valorarnos al mismo nivel que al resto de seres humanos. Somos exactamente igual de valiosos que cualquier persona a la que admiremos o que cualquier pareja que podamos tener. Y aprender a valorarnos de este modo y a querernos nos ayudará a no caer en la idealización excesiva.
En el ámbito de la pareja conviene evitar las comparaciones con parejas previas. Si hemos sufrido con anterioridad, si lo hemos pasado mal con otra persona y comparamos a una pareja actual con la que estamos bien, el balance puede hacer que acabemos sobrevalorando a esta nueva pareja de manera colateral. Y de ahí que nos lleve al final a una idealización. Las comparaciones solo nos llevan a hacer juicios de valor, por lo que tenemos que aprender a observar que diferentes relaciones con diferentes personas son eso: diferentes. Que una relación pudo no funcionar en absoluto, que la otra persona pudo comportarse bien o mal con nosotros.  Que veamos que estamos mucho mejor con nuestra pareja actual, más a gusto y felices. Pero dedicarse a comparar no nos lleva a ninguna parte. En cambio, lo que sí podemos hacer es valorar lo que vemos en la pareja actual y disfrutar de ello, en el momento presente, de lo que nos gusta y lo que no. Pero apreciarlo sin comparar nadie más.

Por último, hay que aprender y comprender que las relaciones evolucionan y tienen su proceso y etapas. Lo que importa es aprender a gestionar las etapas de una relación en pareja en lugar de querer “estancarse” en una fase “perfecta”. Si bien durante el enamoramiento aparece esa idealización del otro, a medida que se va conociendo a una persona comienzan a detectarse defectos, cosas que no nos gustan, se generan conflictos… es una parte inevitable en las relaciones humanas. Pero eso no quiere decir que sea alguien diferente, ni que tenga que acabarse la relación. Cabe aprender a disfrutar de todas las etapas de una relación sin pretender que todo sea perfecto en todo momento. Como punto clave, es necesario fundamentar la pareja en una comunicación activa y en la colaboración mutua. En aprender conjuntamente a vivir esas etapas, adaptándoos, apreciando y valorando los buenos momentos y pequeñas cosas que aportáis el uno al otro, a pesar de que haya cosas que no gusten. Ya que la perfección no existe, buscarla tanto en la pareja como en cualquier ámbito de la vida sólo nos va a llevar a la frustración, y hasta que no aprendemos a aceptarlo y a disfrutar de las pequeñas cosas no podremos disfrutar plenamente de la relación ni de nuestra vida en ella.


Si crees que podrías tener alguna dificultad en este proceso de adaptación y/o en otros aspectos con tu pareja y te gustaría recibir orientación profesional, no dudes en ponerte en contacto con nosotras.

martes, 27 de septiembre de 2016

Se acabó la relación: el duelo en la ruptura de pareja

Sobreponerse a una ruptura de pareja, en la mayoría de ocasiones, puede suponer una tarea complicada difícil y dolorosa. Pero esto no la convierte en no sea superable, y es que como se dice “de amor ya no se muere”. La clave para llegar a la superación reside en la aceptación final de esta pérdida, a lo que se llega a veces con un proceso en parte similar al de un duelo tras un fallecimiento. Ahora bien, en el caso de una ruptura es una pérdida diferente en la que la persona con la que queremos estar continúa su vida pero no nos quiere en ella o al contrario. Y el duelo en este caso tendría que ver con elaborar la pérdida de la relación y de la pareja, para aceptar y readaptar nuestra realidad a la vida sin esta otra persona.  
El duelo es un proceso doloroso de ajuste emocional en el que aparecerán un amplio abanico de reacciones emocionales. Cuando se trata de un proceso de elaboración de una ruptura, se va a pasar por diferentes fases o etapas, que irán desde una negación inicial hasta una asimilación y reorganización de la propia vida con la nueva situación.
Fases del duelo en una ruptura de pareja
Las diferentes etapas por las que se pasa tras una ruptura son similares a las de un duelo por fallecimiento, aunque con matices debido a la diferencia entre las situaciones desencadenantes.  Algunos expertos hablan de que a veces en según qué personas, el duelo por una ruptura puede llegar a ser tan intenso o más que el de un fallecimiento ya que mientras que cuando alguien muere sabemos que la muerte forma parte de la vida, en una ruptura se sabe que la persona sigue existiendo, hace su vida pero no quiere estar contigo. Como al fallecer un ser querido, cuando se acaba una relación perdemos algo, una relación, a una persona muy importante y es complicado asimilar esa pérdida. Además, como comentábamos antes frente a una ruptura cuando somos la persona que han dejado tenemos que aprender a vivir con que la otra persona ya no quiere compartir su vida con nosotros, sigue existiendo pero le hemos “perdido”. De ahí que existan matices frente al duelo por una muerte en el que esa persona ya no existe.
Las fases por las que una persona puede pasar cuando tiene que procesar un duelo por una ruptura de pareja serán, grosso modo:
  • Shock o impacto inicial: Caracterizado por incredulidad e irrealidad principalmente. Cuando a una persona le deja su pareja, frente al anuncio de la ruptura es fácil que se reaccione en un estado de “shock” que durará de horas a días. Durante este período, esta persona no será capaz de asimilar de manera real lo que ha ocurrido.
  • Negación: En esta fase, la persona intenta negar que ha ocurrido la ruptura y no acepta la realidad. Aparecen falsas esperanzas, pensamientos irracionales y justifica que “algo ha ocurrido” pero que “volverán a estar bien”, por ejemplo. Aparecen todo tipo de pensamientos y conductas para amortiguar el dolor y negar la situación. Además es probable que durante este momento no se notifique al entorno de la ruptura, como si fuera algo pasajero.
  • Ira, rabia y enfado: La persona se sentirá herida, aparecerán sentimientos teñidos de resentimiento y rencor hacia la otra persona. Esta ira y la tristeza es muy probable que se entrelacen y aparezcan de manera recurrente en este proceso. Y en cada uno aparecerán en un punto diferente en función de características tanto personales como de la relación en particular. 
  • Tristeza y dolor intenso: En este punto comienza a procesarse que la ruptura está ahí y que se va a mantener así. En el momento en el que la persona se da cuenta de esto aparecerán un ánimo deprimido y ausencia de ganas de hacer nada. El pensamiento se puede volver obsesivo (todo en torno a la pareja) y podrían darse trastornos en el sueño, descuido de la imagen personal, alteraciones en la alimentación, llanto…
  • Las emociones descritas de ira y rabia y las de tristeza aparecerán en diferente orden para cada persona. Dependen aquí muchos factores de la relación e individuales y es muy común que se pase de un tipo de emociones a otras con facilidad e incluso de manera entremezclada. Siendo esto cierto para todas las fases, especialmente estas emociones vendrán bastante de la mano en el proceso de elaboración de la ruptura.
  • Aceptación: La aceptación no implica ausencia de dolor o tristeza, pero la persona comienza a encontrar una cierta paz con respecto al proceso de ruptura. Ya no aparece el pensamiento constante alrededor de la pareja ni tiene la necesidad de hablar constantemente de él o ella. Además comienza a disfrutar de la compañía de otras personas sin que lo anterior le interfiera.
  • Reasimilación o resolución: Más de un autor habla de una última fase en la que tras aceptar la ruptura la persona comienza a reorganizar y reestructurar su vida sin la otra persona. Empieza a retomar actividades abandonadas y organiza su día a día para seguir adelante por sí solo/a. Suele ser una etapa caracterizada por los cambios, se trata de un momento en el que se comienza a rehacer su vida (no tiene por qué implicar a otra pareja ojo. Solo que comienza a vivir en paz a pesar de haber roto.

Además, en algún punto entre estas etapas podrá aparecer un proceso de negociación en el que se darán conductas como intentar mantener la amistad, intentar seguir en contacto o proponer modos de “salvar” la relación. Probablemente aparecerá en fases entre la negación y la tristeza, en momentos en los que aparece mucha nostalgia y tristeza hacia la relación.
No obstante y al igual que en el duelo por una pérdida debida a la muerte estas fases no son estáticas ni están completamente definidas. Pueden darse de manera entremezclada, ir y venir y no darse en este orden exacto; la vida emocional de cada persona individual no es una ciencia exacta, cada persona ha tenido sus vivencias y relaciones personales diferentes.
Una ruptura supone un evento estresante  para las personas, es como si el cerebro entrara en un peligro vital, de repente mi vida cambia. Además su impacto  variará en función de diferentes aspectos de la relación así como variables individuales. Características de la relación como la fase en la que se encontraban, si ha habido convivencia, hijos... influirán directamente. Cómo se acabe esta relación y qué papel tiene cada uno influirá también. Cabe destacar aquí que contrario a lo que podría intuirse, el dolor que produce una ruptura no tiene por qué ser (ni es) proporcional a los años de relación. Tiene que ver con otros factores como el grado de enamoramiento, la fase en la que se encuentra la pareja, el grado de complicidad y adoración, si ha habido idealización de la pareja o si ha sido una relación vinculada desde lo tóxico. Por último, las características personales de cada uno determinarán en gran medida cómo se va a procesar todo el duelo y por supuesto de los recursos y experiencias individuales para hacer frente a la nueva situación sin la pareja.

Sea como sea, el elemento clave que ayuda a superar una ruptura es ser capaz de colocar el punto final y no fijar como objetivo recuperar a la otra persona. A partir de que este punto final se ha fijado es cuando puede comenzar a procesarse realmente la pérdida de la relación y del otro como pareja, para poder llegar a esa aceptación y reorganización del que hablábamos anteriormente. 

miércoles, 17 de agosto de 2016

Comunicación eficaz: claves en la pareja

Es probable que en más de una ocasión hayáis escuchado: una buena comunicación es la clave para que una pareja funcione. Y de hecho es una de las claves para el buen funcionamiento de una relación, pero la cuestión es… ¿qué es exactamente, qué entendemos por buena comunicación en una pareja?

Una buena comunicación en una relación se va a nutrir de dos componentes principales: saber expresar de manera directa y clara lo que queremos expresar (tanto a nivel verbal como no verbal, sin dar rodeos o “dejar caer las cosas”) y que haya un sentimiento de libertad para expresarnos abierta y libremente con la pareja. Esto es, que ambas partes perciban que pueden decir lo que piensan, cómo se sienten y cuáles son sus ideas sin miedo a la reacción del otro o a sentirse infravalorados.  En este último sentido muchas parejas pueden sufrir carencias, ya sea desde el comienzo de la relación o a partir de cierto punto. Por ejemplo, es común que al inicio de una relación haya cosas que “no se dicen” por miedo a la reacción del otro. O parece que en ocasiones no nos atrevemos o no queremos hablar de cómo nos sentimos, o preguntarle sobre ello a la otra persona, por miedo a cómo pueda responder. Cuando esta tendencia se mantiene a medida que avanza la relación, aparecerá esta falta de libertad para poder comunicarnos.  Pero también es probable que al principio no fuese así y se haya ido desarrollando debido a patrones de comunicación poco eficaces.

Llegados a este punto: ¿qué genera esos patrones de mala comunicación? Faltas de respeto, pocas muestras de afecto y una comunicación basada en reproches e imposición de la opinión del uno sobre el otro son algunos ejemplos que pueden deteriorar la comunicación. Asumir que sabemos lo que la otra persona nos va a decir y no permitirle expresarse, adivinar sus pensamientos, o pretender que adivinen los nuestros (por ejemplo, si algo nos molesta y asumimos que el otro lo tiene que notar y saberlo sin que se lo digamos) generará conflicto y deteriorará la comunicación y la pareja. Por muy bien que se lleguen a conocer dos personas, es irreal asumir que deben saber lo que piensan exactamente en cada momento.

Cuando la comunicación es ineficaz y casi inexistente, la relación de pareja va a estar muy deteriorada y se verá necesitada de atención profesional: terapia de pareja. Antes de llegar a este punto y si detectamos algunos comportamientos como los comentados (o parecidos) podemos tener en cuenta las siguientes consideraciones para mejorar la comunicación:
  •     Empatizar. Es importante que ambas partes de una pareja aprendan a ponerse el uno en el lugar del otro. Intentar comprender cómo se siente la otra persona, si tuviésemos su punto de vista. Esto nos ayudará a comprender mejor su comportamiento y cómo le afecta el nuestro, además de ayudarnos en conflictos.
  •      Hablar sobre cómo nos sentimos o qué pensamos en un momento dado, en lugar de esperar a que la otra persona “se dé cuenta”.  Cuando algo nos moleste, no nos guste, nos inquiete, si estamos pasando un mal momento… comunicárselo a la pareja en lugar de esperar a que el otro lo adivine. Por muy bien que nos conozca, puede no darse. Considerar que debería hacerlo, generará enfado o decepción. Y finalmente derivará probablemente en una discusión o estallaremos más adelante.
  •    No callarnos lo que pensamos por “no discutir”. Cuando se trata de algo importante, si no lo transmitimos y nos lo “tragamos” al final se acumulará y terminaremos por explotar. Si algo nos molesta, lo tenemos que abordar lo antes posible, en un contexto calmado, tras haber disminuido la activación emocional inicial.
  •     Decir lo positivo que vemos en nuestra pareja. Transmitirle a la otra persona lo que nos gusta de ella de manera espontánea, cuando lo sintamos.  Parece que en ocasiones nos resulta más sencillo decir lo que no nos gusta que lo que sí y se nos olvida hacerlo.
  •     Escuchar de manera activa y con interés a la pareja. Si nos cuenta algo mostrar interés, hacer preguntas, escuchar de verdad y no pasivamente. Si una persona no se siente escuchada no se va a sentir bien y dañará a la pareja.
  •     Dejar las acusaciones a un lado y hablar desde el respeto. Cuando haya conflicto, centrar la discusión en resolver la situación, en qué se puede hacer para solucionarlo.
  •     Emplear el lenguaje “yo”. En relación con lo anterior, cuando algo nos moleste expresaremos exactamente qué ha sido, cómo nos hemos sentido y qué queremos, en lugar de entrar a acusar a la otra persona. De manera genérica, sería lo siguiente: “cuando haces esto me haces sentir mal/triste/enfadado/a… y me gustaría que hicieras esto otro”.
  •     No infravalorar la opinión del otro. En algún momento (y puede que en muchos) vamos a disentir con la pareja. Es normal no estar de acuerdo en todo, pero tampoco podemos imponer nuestra opinión o nuestro modo de resolver las cosas a los de la  otra persona. Podemos mantenernos en nuestra posición, pero sin hacer sentir a la otra persona que no la escuchamos o tenemos en cuenta y tratando de resolver conjuntamente el problema.
  •      Basar la relación en confianza mutua. Si ha habido conflictos o problemas severos en el pasado y en teoría han sido resueltos, dejarlos en el pasado. Si no intentar resolverlos, si hace falta con ayuda profesional. Pero centrarnos en ello no nos va ayudar, una vez resuelto el pasado hay que aprender a dejarlo en ahí y confiar en la pareja.
  •      Buscar ayuda profesional. Si nos encontramos en una relación muy conflictiva, en la que la comunicación es deficitaria y la pareja está muy deteriorada una buena opción es plantearse una terapia de pareja.

Todos estos “tips” o pautas van a ayudar a mejorar la comunicación a pesar de que no hará que los conflictos desaparezcan. Pero sí nos ayudará a gestionarlos mejor. No obstante hay algo que debemos considerar en todo momento y es que además de comunicarnos efectivamente tenemos que asegurarnos de compartir buenos momentos con la pareja. Hacer cosas juntos y fomentar el afecto positivo, expresar nuestros sentimientos por la otra persona de manera abierta y directa. Para que una relación funcione, debe haber un interés del uno en el otro y querer compartir tiempo, momentos y recuerdos.


miércoles, 15 de junio de 2016

¿Se puede perdonar una infidelidad?

La fidelidad es una de las bases sobre las que se construye una gran mayoría –no todas- de las parejas y matrimonios, por lo que no es de extrañar que la infidelidad sea una de las causas principales de las separaciones, así como que su superación se encuentre entre los motivos más comunes a la hora de buscar ayuda psicológica para iniciar terapia de pareja.
Perdonar una infidelidad es algo muy personal. Sin embargo, es cierto que desde una situación hipotética, muchas personas afirman que no estarían dispuestas a perdonar una infidelidad, ya sea porque creen que no serían capaces o porque entre sus valores no entra este hecho como algo admisible en una pareja. Pero, ¿Realmente es imposible perdonar una infidelidad? ¿Se puede verdaderamente hacer borrón y cuenta nueva? ¿Es bueno perdonar una infidelidad o es un error?
Todo depende. Es importante señalar que cada caso es particular y concreto, lleno de matices como la vida misma. Tanto es así, que el concepto de infidelidad ni siquiera es universal; no todas las personas entienden esta conducta de la misma manera. De la misma forma, existen muchos tipos de relaciones, y por lo tanto, muchas promesas y compromisos diferentes entre dos personas, por lo cual, serán ambos miembros de cada pareja en particular los que establecerán de forma implícita o explícita sus propios compromisos.
La infidelidad es una de las principales causas de separaciones y casi siempre está provocada por la insatisfacción de una de las partes con el tipo de relación que están llevando; ya sea por el desgaste, o por la monotonía, quizás por el mantenimiento de una relación con conflictos persistentes, o tal vez por la existencia de insatisfacción sexual. Las causas pueden ser múltiples. Fuere cual fuere, lo cierto es que dichas causas no entienden de género y al fin y al cabo, son una elección personal. Quizás lo más lógico sería que la persona que está insatisfecha hable de sus sentimientos con la otra persona y que ambos se esfuercen por encontrar una solución, pero en muchos casos esto no ocurre y la parte descontenta busca el cariño, el apoyo, la comprensión o el sexo fuera de la relación de pareja.
Así pues, la infidelidad en la pareja evidencia una crisis dentro de la relación, un punto de inflexión en el que se deberá optar entre continuar la relación o iniciar una separación.
No todas las parejas en las que se da una infidelidad se separan. Algunas parejas se reconcilian, superan el problema y continúan. En este sentido, a pesar de los efectos negativos que genera una infidelidad tanto a nivel de pareja como individual, hay personas que prefieren centrarse en las cualidades positivas de su pareja y superar este obstáculo, llegando incluso a fortalecer su relación. Pero este proceso de reconciliación no siempre es fácil; de hecho, muchas veces es necesaria la ayuda terapéutica mediante terapia de pareja para llevar a cabo esta reconciliación. La terapia de pareja es una elección que guiará el proceso y facilitará la recuperación, fortaleciendo la pareja y dotándola de estrategias para afrontar las áreas donde se encontraba dañada. Asimismo, con la colaboración de ambos miembros de la pareja, ayudará a introducir los ajustes necesarios en la relación y a gestionar adecuadamente las emociones que una infidelidad puede conllevar en ambas partes (rencor, desconfianza, rabia, culpa, inseguridad, temor, etc.).
Sin embargo, en la otra cara de la moneda, hay parejas que optan por separarse. Puede ocurrir cuando la persona que ha sido infiel decide iniciar una relación con la tercera persona, o cuando hay circunstancias en las que la ruptura de compromiso que se ha producido provoca profundos sentimientos negativos de dolor acumulado en uno o ambos miembros de la pareja, junto a la sensación de no estar ante una situación reparable. En estos casos, es útil un trabajo psicológico individual en el que se elaborará el duelo por el fin de la relación y se empezará a enfocar la nueva etapa vital a la que cada uno, independientemente, deberá enfrentarse.


Sin duda, no existen respuestas a si se debe o no perdonar una infidelidad. Cuando median sentimientos y muchos años de relación, las variables se complican. Lo más importante es tomar una decisión de forma consciente, que conectes con tus sentimientos y determines qué quieres realmente. Y por supuesto, no dudes en buscar ayuda si no sabes cómo afrontar esta situación.